sábado, 1 de octubre de 2016

El Día del Pasillo: 1 de Octubre

Cancionero Ecuador N° 8: El pasillo ecuatoriano

Por: Fidel Pablo Guerrero

A Gonzalo Guerrero, mi padre: El fracaso no existe, solo el ejercicio de la constancia.





El Día del Pasillo debería ser algo más que un enunciado en el papel de los decretos oficiales; debería realizarse, por parte de los organismo de cultura, un real seguimiento a la propuesta y crearse espacios de respaldo, diálogo, debate con los cultores y creadores de este género, porque si no, la designación gubernamental del Día del Pasillo resulta intrascendente. Un día no representa nada para un género con tanta significación y existencia tan longeva; quizá si fuera una semana de festivales, charlas sobre su literatura, historia, danza, su música; sus conexiones con países aledaños, audición de nuevas propuesta sonoras y presentación de jóvenes valores de la creación e interpretación, en fin tanto por hacer… un día no alcanza ni para recordarlo. En pocas horas acabará el Día del Pasillo ... Apenas si se hicieron comentarios en radios y televisión con datos y música equivocada. Imágenes de Julio Jaramillo cantando boleros y valses. Habrá que hacer un replanteo del asunto si queremos alcanzar al valor dado al pasillo como patrimonio sonoro, identidad y símbolo nacional.

De parte nuestra, como un aporte al conocimiento histórico de este género, que se va acercando al siglo y medio de permanencia en nuestro medio, damos a luz el tomo N° 8 del Cancionero Ecuador: historia sonora de la música ecuatoriana, dedicado esta vez al Pasillo ecuatoriano (I parte). Este número incluye un pequeño estudio que dimos a conocer allá en 1995 en el I Encuentro Internacional del Pasillo en América (primer y último encuentro).

El mencionado estudio alcanzó algún prestigio entre historiadores e investigadores, pues por primera vez se daban a conocer documentadas informaciones históricas y partituras del siglo XIX de este género (entre ellas el pasillo Los Bandidos de Aparicio Córdoba). Los investigadores que asistieron a ese evento llevaron una copia de nuestro trabajo y lo hemos visto reproducido en segmentos en varios artículos locales e internacionales. Así mismo, con muchas ponencias presentadas en el evento internacional, hicimos la edición del Libro del pasillo, que aún permanece inédito a la espera de financiamiento.

Un año después (1996), la Corporación Musicológica Ecuatoriana CONMÚSICA hizo una modesta publicación de mi trabajo, el mismo que ahora con pequeñas modificaciones lo ponemos nuevamente al alcance.

Igual que los Cancioneros anteriores se puede acceder a este número antológico, que consta de 225 páginas y más de 50 partituras,  a través de una donación sugerida de  15 dólares que deben ser depositados en nuestra cuenta de ahorros 3217152600 del Banco del Pichincha, a nombre de Pablo Guerrero Gutiérrez, y luego hacernos llegar la copia de la transferencia o depósito a nuestro correo (musicadelecuador@gmail.com)  para que nosotros inmediatamente enviemos el Cancionero diagramado en formato PDF. Si bien el número de interesados en este tipo  de trabajo es mínimo y a ratos uno quiere replegarse, siempre nos acordamos, para darnos energía, de la frase que decía mi padre y que pusimos junto al epígrafe de este artículo: el fracaso no existe, solo el ejercicio de la constancia…

El presente Cancionero trae un estudio histórico en 50 páginas y un conjunto de valiosas partituras que van desde 1877 a 1920 y que nos dan pistas de los orígenes del pasillo en el Ecuador. Si desean invertir un poco más, por 20 dólares pueden acceder a un DVD en el cual consta además del mencionado estudio, los audios en formato MIDI para que puedan escucharse algunas de las obras recopiladas, así como las partituras en finale 2014 y sus PDFs.

Partituras del Cancionero Ecuador, N° 6:

01.         Córdoba Negrete, Aparicio. Los bandidos [partitura manuscrita]. Quito, ca. años 70’s del siglo XIX. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
02.         Ramos A., Francisco. Mis lágrimas [partitura manuscrita]. Quito, ca. años 70’s del siglo XIX. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
03.         Ramos A., J. N. El proscrito [partitura manuscrita]. Quito, ca. años 70’s del siglo XIX. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
04.         Ortiz, Carlos Amable. La Patria en el Ecuador [partitura manuscrita]. Quito, 1881. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
05.         Ortiz, Carlos Amable. Mi corazón en pedazos [partitura manuscrita]. Quito, 1882. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
06.         Anónimo. Petita Pontón [partitura manuscrita]. Ecuador, s. XIX, ca. 1893. Piano (texto bajo la pauta). Compilación: Lidia Noboa de Granda.
07.         Espinosa Reyes, Miguel (“El Leuco”). Yo te quiero mucho [partitura manuscrita]. [Cuenca], antes de 1886. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
08.         Ortiz, Carlos Amable. El proscrito [partitura manuscrita]. Quito, 1886. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
09.         Ramos, José. Mucho te extraño [partitura manuscrita]. Quito, s. XIX. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
10.         Nieto, Antonio. Venus [partitura manuscrita]. Quito, s. XIX. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
11.         Nieto, Antonio. Olvídame [partitura manuscrita]. Quito, s. XIX. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
12.         Ramos, José. Tú no sabes cuánto te quiero [partitura manuscrita]. Quito, s. XIX. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
13.         Ortiz, Carlos Amable. El artillero [partitura manuscrita]. Quito, 1892. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
14.         No consta compositor. Adiós palomas blancas [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1895. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
15.         Cruz, Juan. Un recuerdo [partitura manuscrita]. Quito, 1897. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
16.         No consta compositor. Pasillo ecuatoriano [partitura manuscrita]. Quito, 1897. Piano. Compilación: Pedro Pablo Traversari.
17.         Córdoba, Enrique. Primeras quejas [partitura manuscrita]. Quito, 1897. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
18.         No  consta compositor. Pasillo [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1897-1903. Piano. Compilación: Pedro Pablo Traversari.
19.         Terán, Emilio María (General). Dulce emoción [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1890-1910. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
20.         No consta compositor. Aguarico [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1890-1910. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
21.         Guerra, Nicolás Abelardo. Besos que embriagan [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1899-1910. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
22.         Rafael María Pólit, música; Espinosa José Modesto. Los pollos pobre y rico [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1899-1910. Piano (incluye línea melódica con texto). Compilación: Carlos Amable Ortiz.
23.         Valdivieso, Rafael Enrique. Eloísa [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1899-1910. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
24.         Valdivieso, Rafael Enrique. Mis impresiones [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1899-1910. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
25.         No consta compositor. Solteros alegres [partitura manuscrita]. Guayaquil, ca. inicios s. XX. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
26.         No consta compositor. Belleza riobambeña (o Las amenazas de Riobamba). Riobamba, 1907.
27.         Chaves, Reinado. Clementina [partitura manuscrita]. Ibarra, ca. 1900-1910. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
28.         Romero, Ricardo. Sentirse amado [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1905-1917. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
29.         Córdoba, Aparicio. Te vas?... [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1905-1915. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
30.         Osa Madrid, Eduardo. 27 de marzo [partitura manuscrita]. Guayaquil, ca. 1910-1915. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
31.         Lo Piore, Sante (italiano). Ilusión quiteña [partitura manuscrita]. Quito, 1915. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
32.         Cabezas, Antonio C. Soñarse pobre [partitura manuscrita]. Guayaquil, ca. 1913-1916. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
33.         Ortiz, José Miguel. Mis flores negras [partitura manuscrita]. Quito, 1917. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
34.         Hidalgo, [Antonio de J.?]. Gemidos [partitura manuscrita]. Loja, ca. 1915-1918. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
35.         Espín, Elías. Miguel Ángel [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1915-1918. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
36.         No consta compositor [César Guerrero]. El aguacate [partitura manuscrita]. Quito, ca. 1919. Piano (incluye línea melódica con texto). Compilación: Wilman Ordóñez.
37.         Paredes Herrera, Francisco, música; Silva, Medardo Ángel, poesía. El alma en los labios [partitura impresa]. Cuenca, 1919. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
38.         Bustamante Celi, Salvador. Los adioses [partitura manuscrita]. Loja, ca. 1920. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
39.         Casares, Josefina María. Siempre te amaré [partitura manuscrita]. Quito, 1921. Piano. Compilación: César Santos Tejada.
40.         Paredes, Víctor Aurelio. Mis quejas (Odio y amor) [partitura manuscrita]. Quito, 1928. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
41.         Canelos, José Ignacio. Ojos verdes [partitura manuscrita]. Quito, 1927. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
42.         Ojeda Dávila, Cristóbal. Alejándose [partitura manuscrita]. Quito, 1927. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.
43.         Durán, Sixto María. Recuerdos [partitura manuscrita]. Quito, 1928. Piano. Compilación: Fidel Pablo Guerrero.

Además se incluyen pasillos colombianos y uno de los migrantes cubanos en Cayo Hueso (EEUU). Los primeros, suponemos por la cercanía del territorio ha sido posible documentarlos  en varios archivos privados y públicos en Imbabura, Pichincha, Guayas, y otras provincias. El pasillo cubano, a pedido nuestro, tras avisarle las pistas de la localización documental, nos fue traído desde Cuba por nuestra estimada amiga ecuatoriana-cubana: María Elena Vinueza. Así mismo incluimos tres piezas de gran significación histórica, valses que tocaron las bandas musicales cuando el Libertador Simón Bolívar entró a Quito en 1822.

44.         Vals granadino / Anónimo. ca. 1819
45.         Valse que se tocó en Quito cuando entró Bolívar, N° 1. Quito, 1822.
46.         Valse que se tocó en Quito cuando entró Bolívar, N° 2. Quito, 1822.
47.         El expatriado / Ricardo Pérez. ca. 1876
48.         Pasillo enseñado por Rafael Pombo a Carlos Amable Ortiz. Quito, 1877.
49.         Uña de pava, pasillo enseñado por Rafael Pombo a Carlos Amable Ortiz. Quito, 1877.
50.         Uña de pava [versión 2], s. XIX
51.         Pasillo El Dime que sí, s. XIX
52.         Pasillo El no me da la gana, s. XIX
53.         El 10 de Octubre (Cuba), s. XIX

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martes, 24 de noviembre de 2015

Tomo 6: Cancionero Ecuador

Pasacalle: género musical de cholos y chullas

Por Fidel Pablo Guerrero


Portada de partitura del pasacalle Cholo Porteño.


El género musical que mejor narra al cholo, al chulla, a la clase popular y se preocupa de mostrar sus vivencias,  costumbres y entorno local es sin duda el pasacalle. El español conquistador despreció al nativo y procuró borrar sus expresiones culturales; trajo para ello, espadas, cruces, y sus canciones e instrumentos musicales. Así llegó un día el pasodoble a América. El pueblo colonizado, por su parte buscando resistir y, algunas veces, usando  las mismas herramientas que trajo el opresor, las daba la vuelta y usaba a su favor, así, en cambio, nació el pasacalle. Ahora a través del pasacalle –que viene a ser un pasodoble reinventado-, se reivindica  a los hombres del pueblo y a su tierra soberana. La música y la poesía suelen servir también para desagraviar la historia sufrida.

El historiador Jorge Núñez Sánchez (Prov. Bolívar, 1947-) se refiere al pasacalle ecuatoriano como el “Himno de la Patria Chica”, un criterio que nos parece muy acertado para definir a este género musical, cuyos textos  en gran medida están dedicados a poblaciones de nuestro país y que, convertidos en himnos populares, aún se cantan con fervor. En definitiva es un género que pondera la tierra natal, un género de lugar, lo que en quichua equivaldría a Ñuca llacta (mi tierra, mi país, mi patria, mi lugar).

En América Latina se usa el concepto de “Patria Chica” para el terruño o localidad donde uno ha nacido o vive, y el de “Patria Grande” para el territorio mayor. Por ejemplo, una pequeña localidad o una provincia sería la Patria Chica, mientras el Ecuador sería la Patria Grande, pero en un contexto mayor, el Ecuador sería la Patria Chica y el Continente Americano, la Patria Grande. A estos criterios -que se los suele pensar más desde lo territorial-  habría que sumar aquel de que la Patria no es un lugar o un paisaje sino –como la define el cantautor venezolano Alí Primera- que “La Patria es el hombre”.

Ciertamente que géneros foráneos han pasado a ser parte del acervo cultural ecuatoriano, pero eso únicamente se ha producido cuando la población los asimila culturalmente como “propios”, caso del pasillo ecuatoriano o del fox incaico ecuatoriano (agregamos el gentilicio, porque también hay pasillos colombianos y fox incaicos peruanos). Por eso en algunas partes del Mundo se habla de un rock nacional, o del vals criollo, por ejemplo. Pero para que aquello se produzca se presentan algunas condicionantes, como la asimilación de la población de un género externo y el hecho de que ese género haya sido modificado por los artistas cargándole de elementos o expresiones culturales, musicales o lingüísticas locales.

Esto precisamente sucedió con el pasacalle, un género musical binario que emergió en nuestro medio en el siglo XIX y se consolidó a comienzos del siglo XX. Nació como una derivación del pasodoble español, pero fue mutando hasta definirse como un género con cualidades propias, sobreponiéndose al pasodoble y  logrando pervivir hasta nuestros días, cantado por ciudadanos y campesinos.

Portada de partitura del pasodoble Al oriente a paso de vencedores.


El pasodoble español tenía básicamente tres tipologías, el pasodoble militar, el pasodoble de baile y el pasodoble torero. El pasacalle ecuatoriano tomó de ellos el modelo, sobre todo en lo relacionado a su metro binario, su acompañamiento característico y, en principio, su armonía.  Con todo esto se hicieron piezas con sabor español, en ciertos casos usando la llamada cadencia andaluza (o frigia, que no siempre se presenta en forma pura), sin embargo a la larga el medio exigió  que el pasacalle tuviera más afinidad con la armonía de los géneros populares locales. A modo de ejemplo véanse los tres pasacalles siguientes:


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El Chullita quiteño, creado por Alfredo Carpio en 1946, muestra la dualidad española-ecuatoriana. Su introducción de sabor español, contrasta con el resto de la pieza que tiene más bien un esquema melódico y armónico local.

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La cadencia  andaluza,de raíces árabes, presente en Vives en mi mente, un pasacalle denominado “flamenco” por el compositor Custodio Sánchez.

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Aunque la melodía puede guardar lejana reminiscencia española, pero la parte armónica del pasacalle Mujer Sigseña,  está despojada de ella. Este modelo armónico, es el que se quedó como característica del pasacalle ecuatoriano.


 
Algo de historia

En el catálogo de partituras que hizo Carlos Rolando de la Biblioteca Municipal, que hoy lleva su nombre en la ciudad de Guayaquil, consta un pasacalle titulado la Guarandeña de Manuel Vásquez que data del año de 1876. No hemos podido hallar el volumen donde consta esa partitura (al parecer está extraviado), así que solo nos queda especular si se trataba de un pasacalle como lo conocemos hoy o si era uno de aquellos que se hacían en el siglo XIX y que tenían otras distintas características, como lo veremos más adelante.

Si hasta los años 20’s los pasacalles no tenían una direccionalidad marcada en relación a las localidades y trataban sobre temáticas diversas,  festejos y carnavales, a tal punto que en 1918 el escritor ecuatoriano Alejandro Mateus aseveraba que pasacalle era “cualquier música alegre y de ningún valor artístico”, seguidamente vemos que los pasacalles empezaba a definirse cada vez más como piezas de dedicatoria, como los pasacalles de Francisco Paredes Herrera: Juanito criollo, Guayaquileño ciento por ciento o Santa Juana Huayamave entre otros. A partir de los años 40’s, cuando se compuso el pasacalle El chullita quiteño, del compositor Alfredo Carpio,  el género había tomado ya una ruta definida, motivando a otros creadores a repetir la fórmula. Después de El Chullita Quiteño (que pasó a llamarse El Chulla quiteño) que destacaba a un personaje y lugares típicos de la capital, más tarde o más temprano, aparecerían otros con títulos semejantes, El chulla riobambeño de Gerardo Arias, La chulla quiteña de Clodoveo González, El chulla del Puyo, Chullita llanochiquense de Mesías Carrera; etc., y otros similares que procuraban destacar con orgullo sus sitios de origen. Algunos músicos de otras localidades, también crearon pasacalles de lugares donde habían pasado alguna experiencia, aunque no fuera su tierra de origen. Así nació, Reina y señora, pasacalle dedicado a la provincia de Imbabura y cuyo creador es el quiteño Leonardo Páez; Riobambeñita del compositor quiteño Guillermo Vásquez o Ambato, tierra de flores, del guayaquileño Carlos Rubira. 


Su nombre genérico, pasacalle, (también anotado como pasa-calle y Pasa-Calle)  puede venir de España, aunque existe la teoría que fue en el continente americano, que junto a la chacona, surgió el pasacalle en épocas coloniales. En nuestro país hemos hallado piezas musicales denominadas pasacalles que datan de fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX. Estas obras las podemos encontrar en forma individual o siendo parte de los llamados tonos de oración, que lo vinculan directamente a la música religiosa. Se apuntaba en diversos compases, 6/8, 3/8 o 4/4 y, seguramente, ese tipo de pasacalle debió tener temáticas y funciones totalmente diferentes al de nuestros días. A modo de ejemplo insertamos un pasacalle  que forma parte de un tono de oración y otro que ha sido tomado del cuadernillo: Colección de tocatas de violín, antiguas y modernas dividida en tres partes... compuesta en Quito el año del Señor de 1848:


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En relación a los pasacalles de otras latitudes, a más del conocido Passacaglia del barroco alemán [Passacaglia  y fuga de Bach (1686-1750)] y el Passacaille francés [Christe: Trio en Passacaille, de  André Raison (1640 – 1719)], ha sido España la fuente principal de este género. En tiempos más actuales lo hallamos en España siendo parte de la zarzuela. Hacia 1922 empezó a crearse el pasacalle de los chisperos que constituiría un segmento de  La Calesera, zarzuela que se estrenó en España en 1925 y que un par de años más adelante ya se conocía e imprimía en Chile.




Portada y primera página de la partitura La calesera. Chile, 1927



Así también, hacia 1928 destacaba en Perú el torero Pedro Alfaro Castro (1896-s- XX) apodado “Las Facultades”, a quien el compositor Raymundo Salcedo le dedicó el pasacalle, ¡Olé, Facultades! Las dos piezas antecedentes suenan a pasodoble español. También podemos hallar que en Bolivia existe un tipo de pasacalle, ese sí, muy distinto al referente español.

Portada de partitura. Perú.


Piezas del cancionero

Romancero de la Chola cuencana.


Hemos recogido en este cancionero un puñado de obras musicales a la Patria Chica. Canciones a ciudades, barrios y ríos de nuestro país. Varios han sido los géneros musicales para expresar ese sentido de terruño: yaravíes, sanjuanitos, danzantes, pasillos, fox incaicos, albazos y otros, como podrá apreciarse en esta colección. Sin embargo a lo largo del tiempo se ha ido acomodando un género como el de mayor perfil para expresar ese sentido de arraigo natal, el pasacalle ecuatoriano.

Antes que el nombre de pasacalle se posesionara definitivamente como un género de música local -que creemos fue en las primeras décadas del siglo XX-, se usaba esa designación para dos tipologías de creaciones musicales; una, como ya lo dijimos, ligada a expresiones religioso-musicales denominada Pasacalle y tono de oración (o, Tono de oración y pasacalle): el tono era una pieza instrumental de melodía pentafónica, expresiva y más lenta, emparentada con el yaraví, una expresión con herencia musical indígena; y, una segunda sección a la que se denominaba pasacalle, con una carga musical más bien europea. Estas piezas que al parecer datan de fines de la Colonia e inicios de la época independentista y que bien podrían definirse como uno de los primeros intentos de nacionalismo o indigenismo musical, dejaron de producirse cuando concluía el primer tercio del siglo XX.  Así mismo se usó el término de pasacalle para cualquier pieza de género bailable, popular y callejero, incluso  a la parte final del yaraví cuando se transformaba en baile alegre se le denominaba pasa-calle.  Su nombre mismo remarcaba que se trataba de una pieza musical para ser bailada de manera muy movida y haciendo uso de toda la extensión de una pista callejera: pasa-calle.

El musicólogo cotacacheño Segundo  Luis Moreno (1882- 1972) se inclina a creer que el pasacalle ecuatoriano surge de la mixtura de un género foráneo y uno local: el pasodoble español y el sanjuanito indígena, fusión de dos géneros binarios lograda por los mestizos.  Para nosotros, esa fusión no solo se dio por razones musicales sino sociales, pues creemos que así como había un sector afín al españolismo, existía un sector  que buscaba la despañolización cultural[1], finalmente una lucha de resistencia  identitaria. Los sectores afines al españolismo seguirían haciendo pasodobles o pasacalles de estilo español, pero los sectores populares por su parte mixtificaron al pasacalle con fórmulas melódicas y armónicas de la música local, procurando despañolizar al género y fijando su temática en personajes populares, cholos y chullas, costumbres y en sus propios espacios de vida.     


Marbete de un disco de pizarra: Salcedo tierra de mis amores.


Hasta mediados del siglo XX, las temáticas del género estaban delimitadas, lo cual ahora nos permite crear categorías y hacer un cuadro clasificatorio, al que, ciertamente, se podrían  hacer  ajustes conforme se realicen investigaciones más amplias sobre el asunto, pero al momento sirve para consignar las  siguientes variantes:

1. Pasacalle-dedicatoria: ofrenda a personas, personajes, organizaciones, fechas, onomásticos y situaciones “típicas”: Angelita / Ángel Regalado; Santa Juana Huayamave / Francisco Paredes Herrera; El chulla quiteño / Alfredo Carpio; El chulla riobambeño / Gerardo Arias; El paisano / Renán Salazar; La chola cuencana / Rafael Carpio; Cholo porteño / Armando Pantza Aráuz;  El manabita / Omar Reyes Sánchez; La tuna quiteña / Leonardo Páez, Inocentes / Guillermo Garzón; La minga quiteña / Segundo Bautista, El 25 de junio / Federico M. Borja; Club Deportivo Cultural Flecha de Oro / Mesías Carrera; Viva el santo / Abilio Bermúdez; etc. Este pasacalle está muy relacionado con el pasacalle de lugar, principalmente cuando se narra a los personajes típicos, que se los vincula al contexto de lugar.
2. El pasacalle de lugar, dedicado a localidades, ciudades, barrios, ríos, montes, espacios: Lindo Quito de mi vida / Custodio Sánchez; Chimbacalle / Rodrigo Barreno; Salcedo tierra de amores / Gonzalo Castro; Reina y señora / Leonardo Páez; Ambato, tierra de flores / Carlos Rubira; Esmeraldas / Carlos Rubira; Pelileo inmortal / Carlos Rubira; Lindo Milagro / Carlos Rubira;  Baños, tierra mía / Julio Cañar; Mi Guayaquil / Carlos Solís; Así es Manabí / Julio C. Villafuerte; Playita mía / Carlos Rubira; Rinconcito ecuatoriano / Nicolás Fiallos;  Río Guayas / Gerardo Arias; Portoviejo / Constantino Mendoza;  El Panecillo / Leonardo Páez, etc.
3. Pasacalles de amor: Ojos / Gonzalo Moncayo;  Promesas / César Baquero; Sed de amor / anónimo; Madre querida / Carlos Silva; Por el camino / Guillermo Vásquez; Corazón amante / Pedro A. Proaño; Para tu amor / Marco T. Hidrobo, etc.
4.  Pasacalles toreros: Toros de mi pueblo / Leonardo Páez; Los toros de Quito / Carlos Bonilla Chávez. No existen muchos ejemplos de este tipo de pasacalle, pues, al parecer se prefirió seguir usando el pasodoble para estos fines, seguramente por el vínculo español que tenía la llamada “Fiesta Brava”.
5. Varios. Siempre se presentan piezas fuera de los parámetros comunes de un género, por lo que hay que abrir una sección de Pasacalles varios. Así por ejemplo Magdalena en el desierto, pasacalle de temática religiosa de Luis A. Proaño; o el pasacalle de oficios, Costurerita de Aureliano Márquez; El platillo volador de César Baquero.


Ejemplos de Pasacalles-dedicatoria a personajes populares

En el siglo XIX eran los pasodobles los que servían para hacer homenajes individuales, algunos tenían nombres de personas en sus títulos o traían dedicatorias para ellas, de ahí la posible fuente heredada por el pasacalle con dedicatorias personales de la que nació el pasacalle dedicatoria como ofrenda a personas, personajes y onomásticos.

a. Soy del pueblo
Pasacalle ecuatoriano
Letra: Abel Romeo Castillo
Música Francisco Paredes Herrera
Dúo Fiallos –Villafuerte
Disco Cóndor N° 4002


Yo soy legal, soy del pueblo y soy costeño
el que me rompo sudando de verdad
y que trabajo con tal de ser el dueño
dueño del sábado inglés[2] porque es mi sueño
libar “corrientes” que dan felicidad.

A mí me gusta vestir de blanco
con los zapatos relucientes
como el mismo sol;
ir perfumado y bien peinado
con la puntita del pañuelo
en gran exhibición.
Guayaquileño
cholo porteño
tengo el orgullo de haber nacido
y ser de aquí.
Quiero a mi madre
quiero a mi negra
y más que nadie
yo idolatro a Guayaquil.

Quién no te mira mi linda costeñita
Con loco anhelo, deseo y frenesí
Quién no te engulle así bien despachadita
Metida en carnes, bien firme y bien guapita
Quien no se quema si hay tanto fuego en ti.

Fuente: El mosquito, N° 10, t. 26. Guayaquil, Rafael Cucalón, Editor, 1950. p. 8. Compilación y transcripción: Fidel Pablo Guerrero.

Con letra modificada, encontramos el pasacalle del mismo autor literario pero con el título Cholo porteño:

b.  Cholo porteño
Pasacalle ecuatoriano
Letra: Abel Romeo Castillo
Música: Armando Pantza Aráuz  (Guayaquil, 1919-)

A mí me gusta vestir de blanco
con los zapatos relucientes como el sol
Ir bien plantado y endomingado
de guayabera con su pinta de algodón.
Guayaquileño cholo porteño
tengo el orgullo de mi suelo y su región
Quiero a mi madre tengo a mi negra
y sé fajarme como todo buen varón .

Yo soy del pueblo, legal guayaquileño,
el que se rompe sudando de verdad
todos los días con tal de ser el dueño
de los domingos, soleados y risueños,
en que las chicas salen al boulevar.

Nueve de Octubre calle famosa
pista en que brilla la porteña de verdad
El Centenario plaza solemne
con sus columnas que veneran los de acá
y la Rotonda con su Emiciclo
abrazo en bronce de gloriosa heroicidad
frente a la Ría blanca de luna
luce de mármol Malecón de mi ciudad.

Yo soy del pueblo, legal guayaquileño,
el que se rompe sudando de verdad
todos los días con tal de ser el dueño
de los domingos, soleados y risueños,
en que las chicas salen al boulevar.

Fuente: Cholo Porteño / Armando Pantza Aráuz [partitura impresa]. Guayaquil, s. f.

c.  Santa Juana Huayamave
Pasacalle ecuatoriano
Letra: Remigio Romero Cordero
Música: Francisco Paredes H.

Santa Juana Huayamave
Puede ser santa muy vieja;
Pero es la mejor matona
Que hay en la Quinta Pareja.

Caramba! La cosa es buena!
Al matón la bedendurria
Es como picante a chicha
Y clavija a la bandurria.

Una joven lavandera
Dejó caer su jabón
Y con él, en esta noche
Me lavaré el corazón.

Corazón que se ha lavado
Puede inspirar un querer
Porque en viendo ropa limpia
Tiene gusto la mujer.

Caramba! El asunto es serio!
Encaja al matón la farra
Como el corcho a la botella
Y la cuerda a la guitarra.

Las malas lenguas lo dicen
Que toda gente ratera
Es el neto producto
De paco[3] y de cocinera;

Y añaden lenguas peores
Que el más matón y bellaco,
A la inversa, es el producto,
De cocinera y de paco.

Mentira, pura mentira,
Que la desdice cualquiera;
Pueden nacer presidentes
De paco y de concinera.

Mentita, digo mentira,
Pues de mi experiencia saco
Que pueden nacer ministros
De cocinera y de paco!

Bien puede nacer cualquiera
Ministro, rey o bellaco
De paco y de cocinera,
De cocinera y de paco.

Fuente: El mosquito, N° 1, t. 14. Guayaquil, Rafael Cucalón, Editor, 1937. p. 8. “Grabado por El dúo ‘Ecuador’ Ibáñez-Safadi en la Estación de El Prado de Riobamba, y que llegará en disco RCA Victor”. Compilación y transcripción: Fidel Pablo Guerrero.


d.  El chullita quiteño
Pasacalle
Alfredo Carpio Flores
(Quito, 1909-1956)

Yo soy el Chullita quiteño
la vida me paso encantado,
para mí todo es un sueño,
bajo este mi cielo amado.

Las lindas chiquillas quiteñas
son dueñas de mi corazón,
no hay mujeres en el mundo
como las de mi canción.

La Loma Grande y La Guaragua,
son todos barrios tan queridos
de mi gran ciudad.
El Panecillo, La Plaza Grande
ponen el sello inconfundible
de su majestad.

Chulla quiteño, tú eres el dueño
de este precioso patrimonio nacional.
Chulla quiteño, tú constituyes
también la joya de este Quito colonial.

e.  Chola cuencana
Pasacalle ecuatoriano
ca. 1948
Música: Rafael Carpio Abad (Cuenca, 1905- 2004)
Texto: Ricardo Darquea

I. / Chola cuencana mi chola
capullito de amancay / (bis)
/en ti cantan, en ti ríen
las aguas del Yanuncay.  / (bis)

II: / Eres España que vive
en Cuenca del Ecuador, / (bis)
/ con reír de castañuelas
y llanto de rondador. / (bis)


Ejemplos de Pasacalle de lugar:

El pasacalle de lugar o localidad, por su parte tiene piezas a barrios, parroquias, provincias y al país. Este pasacalle resulta ser como una descripción épica y costumbrista de las bondades de las gentes y el paisaje de un determinado lugar; quizá se pueda decir que viene a ser una especie de propaganda musical turística.

a. Reina y señora
Pasacalle
Leonardo Páez

 I: Tierra preciosa la de Imbabura
la más hermosa del Ecuador
/Ojos de cielo son sus lagunas
y en sus orillas busqué mi amor./ (bis)

II: En un paisaje de totorales
la linda imbaya me cautivó
y desde entonces dichosa mi alma
en sus encantos presa quedó.

III: Por todas partes voy con mi longa
reina y señora de la región
y a esta mi tierra la de Imbabura
le ofrezco entera mi corazón.

IV: Por los caminos del Imbabura,
por nuestra Ibarra, por Chorlaví
por Cotacachi,  por Atuntaqui
por Otavalo, por Pinsaquí.

V: Por todas partes voy con mi longa
reina y señora de la región
y a esta mi tierra la de Imbabura
le ofrezco entero mi corazón.

Bis: V.

Fuente: Páez, Leonardo. Reina y señora (pasacalle) / Hnos. Valencia y la Orquesta de Luis Aníbal Granja.


b. Machachi
Pasacalle ecuatoriano
Néstor Cueva

Si algo bello hay en la tierra
en mis sueños y quereres:
de la Costa hasta la Sierra
es Machachi y sus vergeles.

Son tus campos otoñales,
con su linfa cristalina
do se canta madrigales
a tu tierra esmeraldina.

Porque es tierra tan hermosa
toda música y canciones,
deI Ecuador es una diosa
de guirnaldas e ilusiones

Es Machachi con sus hombres
valles, ríos y collado
dulce nombre entre los nombres
suelo mágico y sagrado.

Tierra llena de dulzura
con sus rosas y jazmines;
es la fuente de hermosura
la mujer de tus  jardines.

Y a Machachi canto alegre
con el alma y corazón;
el poema melodioso
de mi dulce inspiración.

Fuente: Machachi (pasacalle) [partitura ms.] / Néstor Cueva. [s.l., s. f.].

Ejemplos de Pasacalle de amor:
Una muestra del pasacalle de amor, por su parte nos lo da el compositor zarumeño Antonio “Chazo” Jara (1922-1976), creador de Cariño eterno, así como también de otros pasacalles entre los que destaca Zaruma, oro y sol.

a. Cariño eterno
Pasacalle ecuatoriano
Antonio Jara

Te quiero como no puedo querer
a nadie más en este mundo
me muero por esos besos que ayer
sellaron nuestro amor profundo.

Así nació tu amor para mi corazón,
así nació la luz de tu querer;
ahora soy feliz, eres mi adoración,
consuelo y dicha para mi sufrir.

Todo muere en la vida,
solo queda el dolor;
todo es una mentira,
llena de sinsabor.

Pero tú estarás una eternidad
dentro de mi cariño;
no te apartarás de mi corazón
ni por fuerza del destino.

Aunque Dios nos separe
con la muerte fatal,
seguirán nuestras almas
estrechándose más.

Fuente: Cariño eterno / José Antonio Jara [disco de 45 rpm]. Fenix 45-68070. IF-45-164 Lado B. Conjunto Fénix. Cantan: Argentina Yánez y José A. Jara. Puede consultarse en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=THNBit0IeCM


b.  Promesas
Pasacalle ecuatoriano
César Baqueo Moncayo
(Quito, 1916-1953)

Con los latidos del corazón
se confundió mi voz,
para decirte con ilusión
esta canción de amor.

Tras la montaña hueca y sin eco
de ésta, mi soledad,
/ que me consume
cuando no está
mi sino en tu querer./ (/bis/)

Si te apresuras más
a complacer mi amor,
no te arrepentirás
de este cariño en flor,
que te daría con alma y vida
toda felicidad;
sin más querellas, ni recompensas
que tu fidelidad.


Ejemplo de Pasacalle torero

Del pasodoble torero surgió el pasacalle torero, el mismo que ha dejado de producirse desde hace tiempo ya, más aún ahora que se ha prohibido las fiestas de toros en ciertos lugares del país.

Toros de mi pueblo
Pasacalle ecuatoriano
Música y texto: Leonardo Páez

A  los toros de mi tierra
Este domingo me voy
Para ver si uno me entierra
porque despechado estoy.

Con mi poncho colorado
buenos lances les daré
y a mi negra en el tablado
asustada la veré

Chumadito uno es valiente
para dejarse coger.
Al toro me iré  de frente,
¡Qué caramba!, de una vez.

Y si la suerte me ayuda
una colcha he de ganar
para darle a mi trompuda
y ponernos a bailar.

Fuente: Toros de mi pueblo (pasacalle) / Leonardo Páez [grabación discográfica 45 rpm.] . Dúo Benítez Valencia. Disco Granja.  45-64054-A. 

Todas las tipologías de pasacalles se escriben en compás de 2/4 y tienen un tempo movido,  allegro, para cumplir con la finalidad ser piezas bailables. Su ritmo de acompañamiento está constituido por corcheas: bajo principal y acorde- bajo secundario y acorde.


  



Este ritmo  de base se repite a lo largo de toda la pieza, rellenándose los fines de frase con un bajo melódico en forma ascendente o descendente.

Su metro binario le permitía amalgamarse algunas veces con el corrido o con el one step, éste último era una  versión norteamericana del pasacalle (y el two step, del pasodoble). Esto lo podemos confirmar al escuchar el pasacalle Costeño ciento por ciento de Francisco Paredes Herrera, así como en la introducción de Cholo cuencano de Francisco Torres, veremos que tiene más sabor de one step; igual cosa sucede con los “nuevos pasacalles” del compositor nacionalista Luis Humberto Salgado (1903-1977) El estudiante provinciano o Quiteño de Quito

En relación a su estructura, ésta suele estar conformada generalmente por una introducción que sirve como interludio instrumental entre las partes; luego la primera parte en tonalidad menor e interludio instrumental que se intercala para separar la segunda parte que, en contraste, suele estar en tonalidad mayor.

Los pasacalles populares pueden acompañarse armónicamente con unos pocos acordes, a veces les basta cuatro; sin embargo hallaremos algunos que a modo de ensayo pueden tener más de una docena de ellos, éstos últimos realizados por músicos que tuvieron una formación escolástica, por eso piezas de los académicos Luis H. Salgado, Néstor Cueva o Corsino Durán tendrán aquella característica; los nombres de estos compositores a su vez nos muestran la preocupación de los nacionalistas musicales en este género popular por su vinculación al terruño.

Otra diferencia con el pasodoble, es que el pasacalle no puede evitar dejar de tener letra (o texto, o poesía); mientras hay muchos pasodobles solo instrumentales. El pasacalle por su parte es un género para ser cantando; incluso cuando se lo baila al son de bandas populares, sin canto, las personas siguen su texto en la memoria. Ese vínculo ineludible con lo textual es el que ha dado a los pasacalles de lugar la categoría de ser designados  popularmente como los “Segundos Himnos”.

Quizá uno de los creadores que más pasacalles ha producido es el compositor guayaquileño Carlos Rubira Infante, quien nos aseveró en una entrevista que ha compuesto en este género para todas las poblaciones del país; le siguen Francisco Paredes, Custodio Sánchez y Antonio Jara. Sin embargo es al compositor César Baquero (Quito, 1916-1953) a quien se nominó como el “Rey del Pasacalle”, debido –suponemos- a la empatía y popularidad que alcanzaron algunas de sus obras, como Romántico Quito mío, Maravillas quiteñas y Promesas.

El pasacalle tiene una gran significación para el ecuatoriano, pues lo ha convertido en un cariñoso himno popular dedicado al terruño y a su gente con el que aún festeja el pueblo al son de bandas y guitarras.

Bibliografía:
Guerrero, Pablo. Enciclopedia de la música ecuatoriana. Quito, 2002.
Núñez, Jorge. El pasacalle: himno de la Patria Chica. Quito, SINAB, 1998.
http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1978/02/11/058.html
http://www.tulcanonline.com/index.php/carchi-opina/456-historia-del-pasacalle-soy-del-carchi.html
http://www.inpc.gob.ec/patrimoniosonoro/recursos/Capishcac/capishcac.html

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[1] También se puede hablar de la des-europeización del vals y del pasillo de salón que dieron como resultado el surgimiento de géneros locales “propios”, pero así como el pueblo buscaba la des-europeización, otros sectores buscaban lo contrario, de esa pugna emergería el sanjuán de blancos o el pasillo de salón que buscaba “vestirse de frac” para ser identificado como signo civilizatorio y alcanzar el reconocimiento de sus propios dominadores. 
[2] Llamaban sábado inglés, cuando se trabajaba solo hasta el medio día del sábado.
[3] Paco= policía.